El mejor trato posible para México

La decisión de Estados Unidos (EE. UU.) de no extender, por ahora, el Tratado con México y Canadá (T-MEC), en su forma actual, no debería leerse como una sorpresa.[1] Tampoco como una derrota. El punto importante está en otro lado: la presidenta Claudia Sheinbaum instruyó al secretario de Economía, Marcelo Ebrard, a conseguir el mejor trato posible para nuestro país frente a otros competidores.[2] Y hoy, con todos los matices que exige el momento, México sigue teniendo una posición comercial preferencial.

Según el Radar Arancelario del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), México paga en promedio una tasa arancelaria implícita del 3.6 por ciento en sus exportaciones a Estados Unidos. Entre los principales socios comerciales de ese país, solo Canadá, con el 3.1 por ciento, y Taiwán, con el 2.2 por ciento, aparecen por debajo. La comparación con Taiwán requiere cuidado, pues su ventaja responde en buena medida a una canasta concentrada en microchips que tienen arancel cero. El T-MEC, en cambio, funciona como una plataforma regional mucho más amplia: reduce aranceles, ordena cadenas productivas, fija reglas de origen, da cauce a procedimientos aduaneros y mejora las condiciones para invertir.[3]

Ese es el dato que me interesa subrayar: México ya tiene uno de los mejores tratos disponibles frente al mercado estadounidense. Frente al 7.4 por ciento promedio de la Unión Europea o el 21 por ciento de China, la diferencia es considerable. Incluso con fricciones en acero, aluminio, autos y autopartes, el Tratado sigue dando a nuestro país una posición comercial difícil de igualar.[4]

Por eso la discusión no debería reducirse a si México logra una extensión rápida del T-MEC por 16 años. La pregunta relevante es si esa extensión conserva, o mejora, el trato preferencial que hoy tenemos. En una coyuntura en la que Estados Unidos negocia país por país, cerrar demasiado pronto también tiene riesgos, pues nada garantiza que mañana Washington no ofrezca a otro competidor condiciones más favorables que aquellas que nuestra nación aceptó con prisa. Acelerar una firma solo para producir una señal de certidumbre podría ser un error. La seguridad mal negociada también cuesta.

El 2 de abril de 2025, cuando Estados Unidos lanzó su paquete de aranceles recíprocos a más de 90 países, bajo el llamado “Día de la Liberación”, México y Canadá quedaron fuera precisamente por el T-MEC.[5] Esa excepción confirmó algo que a veces se pierde entre el ruido: aun bajo una política comercial estadounidense más agresiva, el Tratado sigue funcionando como escudo parcial para América del Norte.

Mientras otros socios han tenido que negociar arreglos con tasas de entre el 10 y el 20 por ciento o esquemas todavía pendientes de implementación, México conserva un régimen preferencial vigente.[6] Esa es la base desde la que debe negociar, no desde el miedo.

En ese contexto México tiene que moverse. No estamos negociando en un mundo ideal de reglas estables y compromisos perfectamente cumplidos, sino dialogando con un socio indispensable, sí, pero también con una administración estadounidense que decidió usar la política comercial como instrumento de presión económica, industrial y electoral.

Esto obliga a distinguir entre dos asuntos que se han mezclado demasiado en la conversación pública. Que el T-MEC no se extendiera automáticamente el 1 de julio no significa que se termine. El propio artículo 34.7 prevé revisiones anuales si no hay confirmación unánime para extenderlo. También permite que las Partes acuerden la extensión en cualquier momento antes de 2036.[7] La ventana no se cerró. Se abrió una etapa distinta, más incómoda, pero también más realista.

A nadie que estuviera siguiendo el proceso le tomó por sorpresa la posición de Estados Unidos. Desde mayo se habían anunciado tres rondas bilaterales de negociación entre México y Estados Unidos, precisamente para atender controversias y llegar a la discusión trilateral con parte del camino allanado. La tercera mesa quedó programada para la semana del 20 de julio, es decir, tres semanas después de la fecha formal de revisión establecida en el T-MEC.[8] Ese calendario decía más que muchos discursos. Si las conversaciones sustantivas seguían programadas para después del 1 de julio, era difícil pensar que la revisión sexenal terminaría ese mismo día con una extensión automática.

El comunicado de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) sobre la reunión del 1 de julio fue claro: su país no aceptó renovar el acuerdo en su forma actual. También señaló que el Tratado permanece vigente mientras se abordan las deficiencias señaladas por EE. UU.[9] Desde México, Marcelo Ebrard hizo una precisión indispensable: esto no implica la terminación del Tratado, porque la denuncia o retiro es otro procedimiento y no ha ocurrido.[10] Esa diferencia jurídica importa porque ordena la discusión política. Una asunto es no extender todavía; otro muy distinto es salirse.

Los mercados parecen haber entendido esa diferencia. El 30 de junio, el dólar estaba en 17.49 pesos. Hoy 6 de julio, mientras redacto esta nota, se ubica en 17.46.[11] En este mismo periodo, el índice de la Bolsa Mexicana de Valores creció un 0.04 por ciento.[12] Es un movimiento marginal, casi nulo, pero precisamente por eso es útil como dato. Si el mercado hubiera leído la reunión como ruptura, el comportamiento habría sido otro. No estoy diciendo que el tipo de cambio sea una prueba absoluta de tranquilidad; sería exagerado. Pero sí muestra que los actores económicos tenían contemplada la falta de extensión y que esto no es colapso del Tratado.

También conviene evitar una lectura simplista de las conversaciones. Negociar con Estados Unidos no significa hacer lo que ese país pide. México también tiene reclamos, intereses y prioridades. Washington quiere que compremos más de sus productos, reducir déficits comerciales y corregir lo que considera desequilibrios del acuerdo. México busca estabilidad, previsibilidad y que no se cambien las reglas de un día para otro mediante decisiones unilaterales. Ambas posiciones responden a intereses nacionales. La tarea política consiste en convertir esa tensión en un arreglo que funcione para la región.

Aquí hay otro detalle que vale la pena dejar claro. La incertidumbre no la impuso México. Tampoco Canadá. Si dependiera de México, el Tratado ya se habría extendido y América del Norte estaría concentrada en competir de la mejor manera contra sus pares, no en administrar dudas internas. México y Canadá han sido consistentes en defender la continuidad del esquema trilateral. El actor que decidió condicionar la extensión fue Estados Unidos.

Eso no significa que México deba quedarse cruzado de brazos o limitarse a reclamar. La política exterior comercial no se hace desde el agravio, sino desde la correlación real de fuerzas. Y hasta ahora México ha sabido navegarla. Conservamos el Tratado vigente, seguimos teniendo un trato preferencial en la mayor parte del comercio regional y estamos sentados en mesas formales de negociación. Esa combinación no resuelve todo, pero sí manda una señal: la región norteamericana sigue en pie.

El riesgo real sería que la revisión anual se convirtiera en una fuente permanente de incertidumbre. Nadie gana si cada año la inversión regional tiene que preguntarse si el marco comercial sobrevivirá otro ciclo político. Pero tampoco conviene sacrificar la posición mexicana solo para cerrar antes. La paciencia estratégica puede ser una forma de defensa nacional cuando se usa para conseguir mejores condiciones.

En el fondo, la pregunta no es si México quiere el T-MEC. Eso quedó establecido formalmente con la carta que envió la presidenta Sheinbaum. También lo necesitan Estados Unidos y Canadá. Gerardo Esquivel recuperó un dato que ayuda a dimensionar esto: el 73 por ciento de las y los mexicanos, el 78 por ciento de las y los estadounidenses y el 81 por ciento de las y los canadienses consideraron que el T-MEC ha sido bueno para la economía de su país.[13] El dato estadounidense es particularmente relevante porque muestra que la integración regional tiene respaldo mayoritario entre la población del país que decidió no extenderlo todavía. Lo que nos debería importar en estos momentos es en qué condiciones se relanzará para los próximos 16 años. Ahí está la diferencia entre una extensión apresurada y una negociación útil.

Por eso me parece correcta la estrategia de cabeza fría. Mantener el Tratado, sostener la negociación, evitar el dramatismo y buscar el mejor trato posible para México. Y más que esperar por esperar, se trata de cuidar que la próxima extensión preserve nuestra ventaja frente a otros competidores. En un ambiente internacional en el que las reglas comerciales se volvieron más frágiles, la serenidad también es una herramienta de Estado.

Debemos confiar en el trabajo de la presidenta Claudia Sheinbaum y en la conducción del secretario Marcelo Ebrard. La instrucción política es clara: no cualquier trato, sino el mejor posible. Si México mantiene esa línea, con firmeza y sin acelerarse, esta etapa nos llevará a buen puerto.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
X: @RicardoMonrealA

Fuentes:

[1] United States Trade Representative, “Ambassador Greer Issues Statement on the USMCA Joint Review”, 1 de julio de 2026, https://ustr.gov/about/policy-offices/press-office/press-releases/2026/july/ambassador-greer-issues-statement-usmca-joint-review

[2] MILENIO, “La Mañanera del Pueblo con Sheinbaum, 27 de marzo de 2025”, https://www.youtube.com/watch?v=LXQglUxIf2Y

[3] Instituto Mexicano para la Competitividad, “Radar Arancelario”, Monitor, s/f, consultado el 6 de julio de 2026, https://imco.org.mx/monitor/radar-arancelario/

[4] Ibid.

[5] Rosa Sandoval y Felipe Hernández, “México ante el nuevo esquema comercial de Estados Unidos: Imposición de aranceles recíprocos”, Observatorio Legislativo de Asuntos Globales, 2 de abril de 2025, https://portalhcd.diputados.gob.mx/PortalWeb/Micrositios/a93f6ca4-92e0-41e8-9f65-55c4f7cb8c43.pdf

[6] Instituto Mexicano para la Competitividad, “Radar Arancelario”.

[7] Secretaría de Economía, “Capítulo 34: Disposiciones Finales”, Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), 27 de octubre de 2023, https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/465768/34ESPDisposicionesFinales.pdf

[8] Secretaría de Economía, “Mensaje del secretario Marcelo Ebrard con motivo de la primera ronda bilateral de negociación rumbo a la revisión conjunta del T-MEC”, 27 de mayo de 2026, http://www.gob.mx/se/prensa/conferencia-de-prensa-del-secretario-de-economia-marcelo-ebrard-casaubon-con-motivo-de-la-primera-ronda-bilateral-de-negociacion-rumbo-a-la-revision-conjunta-del-t-mec?idiom=es

[9] United States Trade Representative, “Ambassador Greer Issues Statement on the USMCA Joint Review”.

[10] Marcelo Ebrard C. [@m_ebrard], “Resultados de la conversación con Jamieson Greer (USTR) y Dominic LeBlanc (Canadá) sobre el futuro del TMEC”, X, 1 de julio de 2026, https://x.com/m_ebrard/status/2072362823930224836

[11] Banco de México, “Portal del mercado cambiario”, 6 de julio de 2026, https://www.banxico.org.mx/tipcamb/main.do?page=tip&idioma=sp

[12] Bolsa Mexicana de Valores, “Principales Índices”, 6 de julio de 2026, https://www.bmv.com.mx/es/movil/home

[13] Gerardo Esquivel, “T-MEC: percepción y perspectivas”, Opinión, El País, 5 de julio de 2026, https://elpais.com/opinion/2026-07-05/t-mec-percepcion-y-perspectivas.html

Share the Post: