Cuando se pierde con dignidad, ni dolor se siente, porque el orgullo levanta cualquier ánimo y ánima caída.
Me ha tocado ver los tres mundiales realizados en México (1970, 1986 y 2026).
Cada uno de ellos dejó una huella y un personaje extranjero que el pueblo mexicano adoptó e hizo suyo. En 1970, Pelé fue la estrella a la que México le entregó su cariño y reconocimiento. “Mi negro de oro”, decía la gente. Pelé lo percibió, y cada vez que había oportunidad, expresaba que México era como su segunda nación. Y disfrutaba venir a nuestro país, en donde hizo muchas amistades.
En 1986, Diego Armando Maradona —junto con aquel gol guiado por “la mano de Dios”— fue el personaje que hizo historia. Recuerdo que muchos mexicanos nacidos después del Mundial recibieron el nombre de pila del Pibe de Oro. Quizá no tuvo el enamoramiento que obsequió Pelé a las y los mexicanos, pero Diego Armando afirmaba que el Mundial de México 86 lo había catapultado al mundo, y por ello nos guardaba aprecio y respeto. De hecho, cuando le ofrecieron uno de sus últimos trabajos profesionales como director técnico (en los Dorados de Sinaloa, 2018-2019), no dudó en regresar e instalarse en México.
En el Mundial en curso aún no vemos al jugador extranjero que disputará el corazón de la afición mexicana, como lo hicieron Pelé y Pelusa. El francés Kylian Mbappé, el argentino Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo son algunos aspirantes a ocupar ese podio, pero aún no alcanzan el engagement del respetable.
En cambio, quienes sí lograron enganchar en el corazón y en la mente de nuestro pueblo fueron la Selección Mexicana y su director técnico, el Vasco Aguirre. Este “espíritu de cuerpo” y el reconocimiento unánime que la Selección en su conjunto alcanzó no lo percibí en los anteriores eventos.
Antes se hablaba de los futbolistas en lo individual, hoy se habla de “la Selección Mexicana” o del “Equipo Nacional”, con mayúsculas iniciales y en primer plano, y de los jugadores en lo individual, en segundo plano. Por supuesto que Gilberto Mora, Julián Quiñones, Raúl Jiménez, Erik Lira y Roberto Alvarado —entre muchos otros— son figuras sobre las que se seguirá comentando en los próximos días y años, pero de lo que más habló la gente fue de la Selección Nacional.
Este reconocimiento y aprecio de un trabajo en equipo es de las principales aportaciones de este Mundial, la cual debemos seguir alimentando en estos días.
El país está ávido de un referente que nos una como nación; que muestre de lo que somos capaces de alcanzar juntas y juntos cuando tenemos una vivencia, una experiencia y una motivación común. Y la Selección Mexicana de futbol logró darle al país esta cohesión en cada gol anotado, en cada tiro detenido en su portería, en cada robo de balón al equipo adversario, en cada canto del Himno Nacional.
Como bien lo resumió la presidenta Claudia Sheinbaum el domingo en su cuenta de X, al terminar el partido de México contra Inglaterra: “¡Ánimo! A veces se gana y a veces se aprende; lo importante es seguir adelante y representar a México con orgullo. Lo logrado por los jóvenes de la Selección vive en el corazón de las y los mexicanos por siempre”.
En efecto, cuando se pierde con dignidad, ni dolor se siente, porque el orgullo levanta cualquier ánimo y ánima caída. ¡Qué gran Selección Mexicana tuvimos en este Mundial 2026! ¡Felicidades, muchachos, y felicidades al Vasco!
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X: @RicardoMonrealA



