Si alguien hubiera pronosticado que en 2026 México sería capaz de combinar aumentos históricos al salario mínimo, inversión extranjera récord, una de las tasas de desempleo más bajas del mundo y un peso fortalecido, no habrían faltado quienes calificaran tal escenario de imposible.
Para mala fortuna de los agoreros, pero para el bien del pueblo, hoy esos datos forman parte de la realidad cotidiana. Vale la pena reflexionar respecto a qué cambió, pues de eso dio cuenta la propia presidenta Claudia Sheinbaum, al informar sobre las 12 buenas noticias económicas para México.
Durante el periodo neoliberal, se afirmó que, si el Estado se hacía a un lado, el crecimiento llegaría solo. La promesa consistía en atraer inversiones, contener salarios, reducir el gasto social y confiar en que la riqueza terminaría permeando hacia abajo.
Pero la realidad fue distinta: México creció poco, la desigualdad persistió y millones de personas trabajaban sin que ello les garantizara salir de los niveles de pobreza extrema. No obstante, el panorama actual ofrece señales distintas.
En primer lugar, la inversión extranjera directa alcanzó un récord histórico en el primer trimestre de 2026, colocando a México entre los países con mayor capacidad para atraer capital. Es un dato relevante porque desmiente la idea de que una política social fuerte espanta las inversiones. Asimismo, el empleo formal vive su mejor momento histórico y la tasa de desempleo se mantiene como una de las más bajas del mundo. La inflación y las tasas de interés también comenzaron a moderarse mientras el peso ha mantenido fortaleza frente al dólar.
Y el precio de los combustibles constituye otro ejemplo, ya que, en un escenario internacional marcado por conflictos geopolíticos y volatilidad en el mercado petrolero, México ha logrado mantenerse entre los precios más bajos a nivel mundial.
Las finanzas públicas también ofrecen señales alentadoras. A ello se suma el crecimiento récord de las exportaciones, una balanza comercial favorable y la recuperación gradual de Pemex. Todos estos avances fortalecen la posición económica del país en un contexto internacional complejo.
Quizá el dato con mayor contenido social sea el aumento sostenido del salario mínimo junto con la reducción de la pobreza laboral a su nivel más bajo registrado. Ahora el trabajo vuelve a recuperar parte de su capacidad para ofrecer una vida digna.
Finalmente, la continuidad y ampliación de los Programas para el Bienestar confirma que el crecimiento económico no se entiende como un fin en sí mismo, sino como un instrumento para mejorar la vida de la gente.
Las buenas noticias nunca significan que el camino haya terminado, pero sí quieren decir que el rumbo elegido ofrece ya buenos resultados que se notan en el día a día de millones de mexicanas y mexicanos.
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