Hermanos

México sabe muy bien qué significa recibir ayuda cuando se requiere. Y esto es así porque, al igual que otras naciones, también hemos padecido terremotos, huracanes, inundaciones y otros hechos que dejaron familias sin casa y comunidades enteras tratando de levantarse.

Cónocemos cómo se siente mirar alrededor y necesitar una mano. Por eso, cuando un pueblo hermano atraviesa una emergencia, la respuesta mexicana difícilmente puede ser la indiferencia. Hay una razón profunda detrás de esa solidaridad, y es la empatía que nace de la experiencia propia.

Hemos visto a nuestros rescatistas entrar entre los escombros, a personal médico atender sin descanso, a soldados y marinos trasladar víveres y a miles de ciudadanas y ciudadanos organizarse para llevar agua, comida o acompañar a quien lo perdió todo. También hemos conocido la solidaridad que llega desde otros países cuando nosotros enfrentamos la desgracia.

Por eso, México construyó, desde hace décadas, una tradición de tender la mano a los pueblos de América Latina y el Caribe. No se trata solamente de relaciones diplomáticas ni de buenas intenciones, se trata de estar presentes cuando hace falta, con la única finalidad de apoyar a quien lo necesite y salvar vidas.

En junio pasado lo vimos en Venezuela. Después de los sismos que afectaron a esa nación, México envió personal especializado en búsqueda y rescate, personal médico y de enfermería, camilleros y binomios canófilos, además de equipo e insumos médicos.

Ahora ocurre algo semejante en Colombia. Tras los terremotos que afectaron al país sudamericano, la presidenta Claudia Sheinbaum dispuso que aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana partieran con rescatistas, personal especializado y ayuda humanitaria; además, se contempla el envío de agua, medicamentos y miles de despensas.

Hay algo poderoso en esa decisión: México no ayuda porque nunca haya conocido el dolor de una tragedia; ayuda precisamente porque está familiarizado con él. La presidenta entiende esa sensibilidad y le da continuidad a una tradición que ha distinguido a nuestro país.

Esta política exterior defiende nuestra soberanía, pero también comprende que la solidaridad no está peleada con la dignidad nacional. Al contrario, un país fortalecido es también capaz de mirar más allá de sus fronteras.

Colombia y Venezuela son pueblos hermanos; compartimos con ellos historia, cultura, lengua y muchas de las dificultades que nos ha tocado enfrentar como región. Cuando la tierra tiembla en alguno de nuestros países, también se mueve algo dentro de nosotros.

Quizá por eso la ayuda mexicana tiene un significado que va más allá de las aeronaves, las despensas o los equipos de rescate. Lleva consigo el mensaje sencillo, pero enorme, de que nosotros sabemos lo que están viviendo y que no están solos. México ha recibido esa mano y ahora nos corresponde extenderla, porque la solidaridad también es una forma de reconocer nuestra hermandad.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
X: @RicardoMonrealA

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