Acercamiento de Canadá y la Unión Europea: retos y oportunidades

Este 16 de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen propuso que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” del bloque.[1] El primer ministro canadiense, Mark Carney, recibió favorablemente la invitación y, un día después, defendió ante el Parlamento Europeo una relación mucho más estrecha, aunque dejó claro que no busca la incorporación plena de Canadá a la Unión.[2]

La propuesta llega después de meses de desencuentros con Estados Unidos y probablemente convenga leerla a partir de algo que el propio Carney había planteado desde enero. En su discurso de Davos, el primer ministro canadiense sostuvo que las potencias medias debían actuar juntas frente a un escenario en el que las grandes potencias utilizan su peso económico para imponer condiciones, “si no estás en la mesa, estás en el menú”, dijo.[3] Su argumento partía de una dificultad conocida: un país puede defender formalmente su soberanía y, al mismo tiempo, tener muy pocas opciones cuando negocia con un país poderoso y con mayor capacidad para imponer condiciones.

Carney proponía ampliar esas opciones mediante acuerdos entre países con intereses suficientemente cercanos. En esa idea pueden reconocerse distintas economías no europeas, como Japón, Corea del Sur, Australia o Nueva Zelanda. Estos son países que, aun teniendo diferencias entre sí, tienen una economía avanzada y comparten la preocupación de que sus decisiones terminen condicionadas por las prioridades de Washington o Pekín.

La invitación a Canadá a la Unión Europea (UE) busca materializar ese primer planteamiento de Davos. Incluso el 17 de septiembre, Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, sugirió que Australia y Nueva Zelanda podrían seguir un camino semejante.[4] Falta saber hasta dónde estarían dispuestos a llegar, pero la posibilidad de construir este tipo de asociaciones ya forma parte de la conversación europea.

No es difícil entender por qué. Como señalé hace unos días sobre la ruptura de las negociaciones entre Canadá y Estados Unidos, Ottawa llegó a un punto en el que consideró que las condiciones de Washington superaban lo que podía aceptar. A la disputa por los aranceles se han sumado las alusiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a convertir a Canadá en el estado número 51. Para cualquier Gobierno canadiense, negociar bajo esas circunstancias tiene un costo político que difícilmente puede ignorar.[5]

Los europeos han llegado a desarrollar preocupaciones parecidas por otras vías. Además de los aranceles, tienen una guerra en su continente, amenazas de Estados Unidos de anexar Groenlandia, que es un territorio danés, y crecientes dudas sobre la disposición de Estados Unidos a sostener los compromisos de seguridad que durante décadas dieron por sentados. Las tensiones dentro de la OTAN por el gasto militar y la revisión de la presencia estadounidense en Europa han vuelto más urgente replantear su posición geopolítica. La incertidumbre que genera la posición cambiante e intempestiva de Washington obliga a buscar mayores capacidades propias y otros apoyos.[6]

Canadá y Europa encuentran así razones para acercarse que van más allá de la afinidad de valores y la cercanía entre sus dirigentes. Ambos buscan reducir la vulnerabilidad que les genera depender de un socio que se ha vuelto menos previsible.

La reacción que tuvo el presidente Trump difícilmente ayuda a disipar las preocupaciones. El mandatario estadounidense advirtió que la asociación podría ser un “acto hostil” y amenazó con nuevos aranceles e incluso cortar el comercio con Europa si consideraba que sus intenciones eran negativas.[7] Carney respondió que Canadá decidirá sus propias relaciones internacionales.[8] Es razonable pensar que, para quienes defienden el acercamiento, la amenaza estadounidense termine reforzando sus argumentos.

Estamos de acuerdo con la decisión soberana de Europa y Canadá de estrechar lazos. Sin embargo, el problema viene al tratar de convertir esa voluntad política en un acuerdo.

La figura de “miembro asociado” no está definida en los tratados de la Unión Europea. Existe la posibilidad de celebrar acuerdos de asociación con otros países, prevista en el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, pero habría que determinar qué derechos y obligaciones asumiría Canadá y cómo se distinguiría esta relación de los acuerdos que ya mantiene con el bloque.[9]

Por esa vía, la negociación requeriría un mandato del Consejo y el acuerdo necesitaría la unanimidad de los gobiernos que lo integran, que nunca ha sido fácil de lograr, además del consentimiento del Parlamento Europeo. Según su contenido, también podría requerir ratificaciones nacionales. Una reforma de los tratados entraría en la discusión si pretendieran otorgar atribuciones que excedieran lo que hoy permiten. Todo dependerá de qué quieran incluir bajo el nombre de asociación.

En Canadá, Carney ha dicho que el resultado se sometería a una votación en Ottawa, donde también encontrará resistencias. Su Gobierno tendría que negociar el instrumento y llevar al Parlamento las reformas necesarias para implementarlo, además de atender las competencias provinciales que pudieran verse involucradas.[10] La disposición del primer ministro a avanzar, por sí sola, tampoco garantiza el respaldo interno a cualquier acuerdo.

La experiencia del Acuerdo Económico y Comercial Global UE-Canadá (CETA) permite anticipar algunas de esas dificultades.[11] Este instrumento opera provisionalmente desde 2017 y todavía tiene pendientes ratificaciones en países europeos. Las resistencias del sector agropecuario, especialmente visibles en Francia, muestran que incluso entre socios cercanos resulta complicado conciliar intereses cuando los productores consideran que compiten bajo condiciones distintas.[12] La agricultura también ha sido uno de los temas ríspidos en las negociaciones de Canadá con Estados Unidos.[13] Acercarse a Europa supone sentarse a negociar con otros socios que también tienen sectores que proteger.

Esas diferencias seguirían presentes al discutir una asociación más profunda. Las normas sanitarias y ambientales, así como las prácticas de producción, no coinciden en todos los sectores, y ampliar el acceso al mercado europeo exigiría resolver qué condiciones tendría que cumplir cada parte. El camino recorrido ofrece una base para avanzar en energía, minerales críticos, tecnología o defensa, pero también deja ver cuánto puede costar alcanzar acuerdos cuando se pasa de las afinidades políticas a los intereses concretos.

Por eso me parece que, de momento, la propuesta expresa con mayor claridad un posicionamiento geopolítico que una realidad institucional. Hay una intención compartida de acercarse y varias razones para hacerlo. Todavía falta negociar cuánto está dispuesto a comprometer cada uno.

Y aun si lograran ese entendimiento, Canadá seguiría teniendo en Estados Unidos un mercado y una relación económica muy difíciles de sustituir. Durante décadas, sus empresas han organizado buena parte de su producción alrededor de esa cercanía, con fábricas, proveedores e infraestructura que responden a la integración norteamericana. Vender más a Europa puede ser conveniente, pero adaptar la producción a otros requisitos y desarrollar nuevas relaciones comerciales supone inversiones y costos que las empresas tendrán que evaluar. La voluntad política de Carney puede impulsar ese proceso, pero difícilmente puede ahorrarle el tiempo que necesita. La propia integración europea ha requerido décadas de negociaciones y ajustes, y todavía sigue evolucionando.

Ahí encuentro una continuidad con lo que planteaba en mi artículo anterior. Los desencuentros entre Ottawa y Washington pueden ser muy serios y prolongarse más de lo esperado. Pero la administración Trump terminará y, aunque muchos de sus cambios permanezcan, Canadá y Estados Unidos seguirán siendo vecinos. Los gobiernos que vengan también tendrán que administrar una relación entre economías profundamente vinculadas. La necesidad de volver a entenderse seguirá ahí.

Eso deja espacio para que Canadá, desde su soberanía, busque una relación más estrecha con Europa y, al mismo tiempo, procure reconstruir su relación con Estados Unidos. De concretarse, la asociación sería el comienzo de un camino institucional para diversificar sus alianzas y reducir gradualmente su dependencia de Washington. El alcance de ese cambio se vería con los años, conforme los acuerdos se traduzcan en inversiones y nuevas relaciones comerciales.

Desde México, este acercamiento merece atención porque Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea son nuestros socios comerciales. Tenemos interés en que sus relaciones se desarrollen en buenos términos y, mientras avanzamos en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), conviene preguntarnos qué efecto podría tener esta nueva asociación en las conversaciones norteamericanas.

Por ahora, mucho dependerá de cómo Washington y Ottawa conduzcan sus diferencias. Si el desacuerdo sobre el acercamiento europeo llega a la mesa comercial, podría añadir dificultades a la revisión del T-MEC. Hay margen para seguir negociando: el Tratado permanece vigente y su plazo original llega hasta 2036.[14] Para las empresas, sin embargo, contar con ese horizonte legal no resuelve todas las dudas sobre las condiciones en las que podrán invertir y producir durante los próximos años.

Hasta ahora, esa tensión no ha impedido que México y Canadá mantengan su entendimiento. El 20 de agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum y Carney coincidieron en la importancia de extender el acuerdo cuanto antes para dar certidumbre a empresas y trabajadores. También destacaron los avances del comercio bilateral, que alcanzó 62,400 millones de dólares canadienses en mercancías durante 2025, según cifras del Gobierno de Canadá.[15]

La relación tiene además una agenda que continúa avanzando mediante el Plan de Acción México-Canadá 2025-2028, con compromisos en comercio, movilidad, seguridad y medio ambiente.[16] La presidenta Sheinbaum tiene razones para cuidar esos vínculos mientras mantiene abiertas las negociaciones con Estados Unidos. México necesita preservar el acceso a su principal mercado y seguir desarrollando una relación con Canadá que también contribuye a nuestra capacidad productiva.

Desde México, corresponde respetar la decisión soberana de Canadá y de los integrantes de la Unión Europea sobre la asociación que consideren conveniente. Ambos son nuestros socios comerciales y seguirán siéndolo, cualquiera que sea la fórmula que acuerden. Su acercamiento puede abrir nuevas posibilidades de cooperación que también tendremos que evaluar desde nuestros propios intereses.

Al mismo tiempo, nos conviene que Canadá y Estados Unidos encuentren una forma de resolver sus diferencias. América del Norte está unida territorialmente, por su historia y por décadas de relaciones diplomáticas y productivas que alcanzan a los tres países. Los gobiernos pueden buscar nuevos acuerdos fuera de la región, como México también lo ha hecho, y seguir necesitando un entendimiento con sus vecinos. Por eso considero que debemos mantener nuestra disposición a facilitar ese diálogo y trabajar por condiciones que permitan preservar la cooperación norteamericana, incluso cuando nuestras decisiones y prioridades no coincidan.

 

Fuentes:

[1] Euronews, “Canada invited to become first associate member of the EU”, el 16 de septiembre de 2026, https://www.euronews.com/my-europe/2026/09/16/canada-to-become-first-associate-member-of-the-eu.

[2] Euronews, “Carney hails EU-Canada alliance but draws lines on membership and sovereignty”, el 17 de septiembre de 2026, https://www.euronews.com/my-europe/2026/09/17/carney-hails-eu-canada-alliance-but-draws-lines-on-membership-and-sovereigny.

[3] Oficina del primer ministro de Canadá, “Principled and pragmatic: Canada’s path. Prime Minister Carney addresses the World Economic Forum Annual Meeting”, el 20 de enero de 2026, https://www.pm.gc.ca/en/news/speeches/2026/01/20/principled-and-pragmatic-canadas-path-prime-minister-carney-addresses.

[4] Euronews, “Mark Carney’s speech in the European Parliament as it happened”, el 17 de septiembre de 2026, https://www.euronews.com/my-europe/2026/09/17/associate-membership-for-canada-is-not-against-anyone-brussels-tells-trump.

[5] Ricardo Monreal, “Canadá y EUA rompen negociaciones. ¿Qué viene para México?”, Ricardo Monreal, el 28 de agosto de 2026, https://ricardomonrealavila.com/canada-y-eua-rompen-negociaciones-que-viene-para-mexico/.

[6] Associated Press, “Carney embraces EU associate membership proposal as Trump pushes Canada closer to Europe”, el 17 de septiembre de 2026, https://apnews.com/article/ef4559ce5972abb47444e469f42005bb; Reuters, “Denmark PM says hopes for peaceful way forward with US on Arctic, Greenland”, el 14 de septiembre de 2026, https://www.reuters.com/world/denmark-pm-says-hopes-peaceful-way-forward-with-us-arctic-greenland-2026-09-14/; Reuters, “Democratic senator calls for US diplomats to help guide Europe troop review”, el 17 de septiembre de 2026, https://www.reuters.com/world/us/democratic-senator-calls-us-diplomats-help-guide-europe-troop-review-2026-09-17/.

[7] Associated Press, “Trump suggests EU allowing Canada as associate member could be a hostile act”, el 17 de septiembre de 2026, https://apnews.com/article/4078e9549ff9caa5ded08f7dd2f99065.

[8] Reuters, “Canada will decide on its own partnerships, Carney says”, el 17 de septiembre de 2026, https://www.reuters.com/world/canada-will-decide-its-own-partnerships-carney-says-2026-09-17/.

[9] Unión Europea, “Versión consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Artículo 217”, el 7 de junio de 2016, https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:12016E217; Unión Europea, “Versión consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Artículo 218”, el 7 de junio de 2016, https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:12016E218.

[10] Gobierno de Canadá, “Policy on Tabling of Treaties in Parliament”, s/f, consultado el 18 de septiembre de 2026, https://www.treaty-accord.gc.ca/procedures.aspx?lang=eng.

[11] The Guardian, “All smiles in Strasbourg but uncertainty clouds Canada’s EU membership plan”, el 17 de septiembre de 2026, https://www.theguardian.com/world/2026/sep/17/smiles-strasbourg-uncertainty-canada-eu-membership-plan-mark-carney.

[12] Reuters, “French Senate votes against ratification of EU-Canada free trade deal CETA”, el 21 de marzo de 2024, https://www.reuters.com/world/french-senate-votes-against-ratification-eu-canada-free-trade-deal-ceta-2024-03-21/.

[13] Monreal, “Canadá y EUA rompen negociaciones. ¿Qué viene para México?”

[14] México, Estados Unidos y Canadá, “Agreement between the United States of America, the United Mexican States, and Canada. Chapter 34: Final Provisions”, el 13 de diciembre de 2019, https://ustr.gov/sites/default/files/files/agreements/FTA/USMCA/Text/34_Final_Provisions.pdf.

[15] Global Affairs Canada, “Canada-Mexico relations”, el 14 de septiembre de 2026, https://www.international.gc.ca/country-pays/mexico-mexique/relations.aspx?lang=eng.

[16] Gobierno de Canadá, “Canada-Mexico Action Plan 2025-2028”, s/f, consultado el 18 de septiembre de 2026, https://international.canada.ca/en/global-affairs/corporate/reports/mexico-partnership/action-plan-2025-2028; Oficina del primer ministro de Canadá, “Prime Minister Carney speaks with President of Mexico Claudia Sheinbaum”, el 20 de agosto de 2026, https://www.pm.gc.ca/en/news/readouts/2026/08/20/prime-minister-carney-speaks-president-mexico-claudia-sheinbaum.

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