En las últimas semanas, cientos de miles de personas han salido a las calles en varios países europeos, con una participación destacada de jóvenes. En Francia, las movilizaciones comenzaron con reclamos estudiantiles por las condiciones de la educación y,posteriormente, incorporaron otras demandas. En España y Portugal, el descontento se ha concentrado en las dificultades para acceder a una vivienda digna. También ha habido movilizaciones en Italia, Grecia, Bélgica, Austria, Albania y Serbia, por cuestiones relacionadas con la educación, el costo de vida y la situación política. En las siguientes líneas haré algunas reflexiones sobre las causas de este descontento y el impulso a la protesta.

Vivienda, educación y expectativas de futuro
La falta de vivienda asequible es uno de los principales reclamos de la juventud europea. El problema es especialmente grave en las zonas urbanas, donde la oferta no satisface la demanda y los costos son más elevados. Los jóvenes se ven afectados porque sus ingresos suelen ser menores y buscan precisamente vivir en las ciudades donde se concentran las oportunidades educativas y laborales. En Bulgaria, Irlanda, Polonia, Portugal y España, así como en algunas zonas de Austria e Italia, rentar un departamento estándar de dos habitaciones puede requerir más de 80 por ciento del salario mediano de una persona joven. Según datos de la Unión Europea (UE), en 2025, 26.9 por ciento de las personas de 15 a 29 años vivía en hogares con hacinamiento, frente a 16.8 por ciento de la población general. Ese mismo año, en promedio, los jóvenes salieron de la casa de sus padres a los 26.3 años en la UE, pero en Portugal lo hicieron a los 28.8 años y en España e Italia a los 30.2 años.

Apenas me referí con amplitud a la situación en España, en donde las protestas por la falta de vivienda se han extendido a más de 50 ciudades. El movimiento ha programado una huelga general para el 11 de noviembre, a la que se han sumado los principales sindicatos del país, con demandas demayores salarios y acciones frente a la pérdida de poder adquisitivo. En Portugal, las y los jóvenes han instalado campamentos de protesta en Lisboa y Oporto por la escasez de vivienda. Según la Comisión Europea, en este país los precios inmobiliarios han aumentado 130 por ciento en términos nominales desde 2013, a un ritmo superior al de los salarios. Los manifestantes han anunciado que buscarán coordinarse con España para unirse a la huelga del 11 de noviembre.
El acceso a mejor educación es otro de los reclamos de las juventudes. En Francia, la movilización inicial planteaba quejas por la falta de profesores, la saturación de grupos y el deterioro de las instalaciones de los liceos (preparatorias). Después se sumó el rechazo a la plataforma de acceso a la educación superior (Parcoursup), por sus criterios de selección y falta de transparencia. Con el paso de los días, otros sectores se incorporaron a las protestas. El 17 de octubre, entre 550,000 y 800,000 personas participaron en movilizaciones en todo el país con quejas por la baja calidad de la educación y de los servicios públicos, así como por el aumento del costo de vida. Durante esa jornada hubo enfrentamientos, incendios y saqueos en varias ciudades. El Ministerio del Interior reportó alrededor de 2,400 detenciones y cerca de 1,000 policías heridos.
Como lo comenté en un documento anterior, las movilizaciones en Francia se producen en un contexto de fuerte presión sobre las finanzas públicas. La deuda ronda 117 por ciento del PIB y su costo de financiamiento ha aumentado. Este panorama limita el margen presupuestario para responder a los reclamos por mayores recursos para la educación y los servicios públicos. Estas dificultades se observan más allá de Francia. El Fondo Monetario Internacional advierte que el envejecimiento de la población, el mayor gasto en defensa y la transición energética ejercerán una presión creciente sobre las finanzas públicas de los países europeos, lo que restringirá su capacidad para atender las necesidades sociales.
Las demandas por mejor educación están presentes en otros países. En Bélgica, estudiantes se han movilizado contra reformas que aumentan las cuotas de inscripción universitaria y la carga de trabajo de los profesores. En Grecia, alrededor de 10,000 estudiantes y docentes se manifestaron en Atenas y otras ciudades para reclamar mayor financiamiento para la educación pública, mejores instalaciones y grupos menos saturados. También se quejan por el elevado costo de la vivienda. En Austria, miles de estudiantes rechazan los recortes al financiamiento de la educación superior. Las universidades públicasconvocaron a una marcha en rechazo a un presupuesto que no compensa el aumento de sus costos. En Italia, los estudiantes han instalado tiendas de campaña frente al Parlamento y en varias universidades para denunciar el elevado precio de las rentas y, en general, el alto costo de la vida. A lasmovilizaciones se han sumado camioneros, sindicatos y agricultores con sus reclamos, y en varias ciudades se han registrado disturbios. En este contexto, la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) anunció una huelga general para el 20 de noviembre.

La preocupación por las condiciones económicas expresada en las protestas refleja un malestar más amplio. Según el Eurobarómetro de primavera de 2026, 52 por ciento de los europeos identifica el aumento de los precios, la inflación y el costo de vida entre los principales problemas que le afectan personalmente.
En cuanto a las expectativas de futuro, 29 por cientode los entrevistados espera que su calidad de vida empeore en los próximos años, proporción que alcanza 44 por ciento en Francia y 39 por ciento en Portugal. Entre los jóvenes, según una encuesta reciente, 52 por ciento considera que su generación vivirá peor que la de sus padres, mientras que 25 por ciento piensa que vivirá mejor. Al analizar la situación en Europa, la expresidenta de Estonia, Kersti Kaljulaid, habla de una “desesperanza intergeneracional”. Estapercepción pesimista sobre el futuro puede alentar el descontento y la protesta.
El descontento político e institucional
Las juventudes también han expresado demandas de carácter político. En Serbia, las protestas contra la corrupción comenzaron en 2024, después de que 16 personas murieron por el derrumbe de una estructura de la estación de trenes de Novi Sad, una tragedia que la sociedad vinculó con irregularidades y falta de controles de las autoridades. Dos años después, el movimiento participará en las elecciones parlamentarias del 25 de octubre con 250 candidatos independientes de la Lista de Estudiantes. Sus propuestas incluyen impulsar la transparencia y fortalecer el Estado de derecho. La agrupación se ha convertido en el principal desafío electoral al partido de Aleksandar Vučić, que ha dominado la política serbia desde 2014.

En Albania, las protestas comenzaron con demandas estudiantiles relacionadas con el elevado costo de estudiar, las condiciones de las universidades y las escasas perspectivas laborales para los jóvenes. En paralelo, el movimiento ciudadano “Flamingo” ha salido a las calles con consignas en contra de los proyectos urbanos de lujo en zonas costeras protegidas. Con el tiempo, las movilizaciones han incorporado denuncias por el alto costo de vida y la corrupción de funcionarios del Gobierno. Las manifestaciones se han desarrollado en Tirana y otras ciudades, algunas veces con disturbios. Una parte de los manifestantes exige también la renuncia del primer ministro Edi Rama, a quien se responsabiliza de la corrupción.
Algunas reflexiones
La mayor parte de las movilizaciones se ha desarrollado de manera pacífica, aunque en algunas ciudades ha habido enfrentamientos con la policía, daños a establecimientos y saqueos. Hay distintas interpretaciones sobre el origen de estos episodios. En Francia, el Gobierno ha responsabilizado a grupos de extrema izquierda de alentar la violencia, mientras sectores de la derecha han vinculado estos actos con la inmigración. En Italia, los servicios de inteligencia investigan si actores extranjeros utilizaron las redes sociales para alentar los disturbios en Milán, aunque hasta ahora no se ha acreditado tal intervención.
Personas con diversas posiciones ideológicas respaldan las movilizaciones. En Francia, 77 por cientode los jóvenes de 18 a 24 años aprobaba la protesta convocada contra el aumento del costo de vida; el apoyo alcanzaba 83 por ciento entre los votantes del Nuevo Frente Popular, de izquierda, y 70 por cientoentre los de Agrupación Nacional, de extrema derecha.Por otra parte, el politólogo Olivier Roy rechaza que la reciente movilización francesa pueda explicarse como un fenómeno vinculado con el islam o protagonizado por inmigrantes. Roy señala que no se observaronreivindicaciones religiosas o étnicas en las marchas y considera que el elemento común entre los distintos grupos es, principalmente, generacional.
El economista Daron Acemoglu ofrece una explicación amplia del descontento de las juventudes europeas. A su juicio, la democracia liberal se fortaleció mientras se le relacionó con expectativas de prosperidad compartida, servicios públicos de calidad y una participación efectiva de la ciudadanía en las decisiones que la afectan. Cuando esas perspectivas no se cumplen, los problemas económicos y sociales pueden convertirse en descontento político. Las dificultades para acceder a una vivienda, estudiar en condiciones adecuadas o mantener el nivel de vida adquieren una dimensión política cuando se percibe que las instituciones no ofrecen respuestas suficientes.El politólogo Jérôme Fourquet observa esta dinámica en Francia, donde los problemas cotidianos de la juventud han contribuido a profundizar una crisis de representación y un creciente cuestionamiento al poder político.
A estas dificultades se suma el envejecimiento de la población europea. Tim Vlandas, profesor de la Universidad de Oxford, señala que los mayores de 65 años pasaron de representar 17 por ciento de la población europea en 2005 a 22 por ciento en 2025. Vlandas denomina “gerontonomía” a una dinámica en la que el envejecimiento aumenta el peso político y las necesidades de gasto de una población de mayor edad, al mismo tiempo que las generaciones jóvenes demandan más inversión en educación y vivienda.
En las últimas semanas, miles de jóvenes europeos han salido a las calles para expresar reclamos distintos, pero coinciden en visibilizar demandas que no perciben suficientemente atendidas. Como he señalado antes, considero que los reclamos de la juventud deben ser escuchados. La respuesta de los gobiernos no puede limitarse a contener posibles disturbios, sino que requiere entender las causas del descontento. Las nuevas generaciones perciben una distancia creciente entre sus expectativas de progreso y las posibilidades que tienen de alcanzarlas. Reducir esa brecha exigirá respuestas concretas, pero también la capacidad económica para sostenerlas. Es una reflexión pertinente para México, donde todavía tenemos la oportunidad de anticiparnos a algunos de estos desafíos.



