La ultraderecha sobre México

México es la solución, no el problema, para terminar con ese mal que aqueja al pueblo estadounidense y a otras naciones. 

Bill O’Reilly es un comentarista estadounidense de línea conservadora que trabajó muchos años para Fox News, donde llegó a convertirse en su conductor estrella en el programa O’Reilly Factor, hasta que fue despedido cuando enfrentó cinco acusaciones de acoso sexual y otras conductas inapropiadas, por las que tuvo que pagar, mediante un acuerdo económico reparatorio con las víctimas, la cantidad de 13 millones de dólares.

La cadena ultraconservadora de noticias, que se dice promotora de los valores de la familia estadounidense y de la civilización occidental, dio por terminada su relación con O’Reilly mediante un escueto comunicado que señalaba: “tras una revisión exhaustiva y cuidadosa de las acusaciones, Fox News y Bill O’Reilly han llegado a un acuerdo por el que el presentador no regresará al Canal”. Desde entonces escribe columnas o presenta comentarios de radio sobre diversos temas, incluso creó su propio programa No Spin News, distribuido principalmente por internet, siempre desde la perspectiva de la derecha.

Bill O’Reilly ahora acosa —periodísticamente hablando— a México y a su presidenta Claudia Sheinbaum. Lo hace con todos los ingredientes propios de la ultraderecha: con más prejuicios que juicios, con más adjetivos que sustantivos, con el tono del racismo supremacista que cree saberlo todo y con ultimátums propios de un macho alfa de caricatura.

El pasado mes de marzo escribió un artículo sobre México y la presidenta Sheinbaum en el que afirma, con su petulancia clásica, que nuestro país “no es amigo de Estados Unidos. Su gobierno ha sido corrupto durante décadas, lo que ha provocado un aumento de los asesinatos y del narcotráfico internacional […] La actual presidenta de México, la socialista Claudia Sheinbaum, está bajo fuerte presión del gobierno de Trump para que permita […] la entrada de las autoridades estadounidenses a su país, a pesar de que podría hacerlo fácilmente […] En cambio, culpa a los adictos estadounidenses y al contrabando de armas por el problema de México, un argumento absurdo […] Deje de poner excusas, señora”.

Para O’Reilly, “los estadounidenses que compran narcóticos ilegales son parte del problema. Sin duda. Son individuos egoístas que propician los asesinatos. Malos estadounidenses. Pero el principal problema es la propia Sheinbaum”.

Justo esta frase revela todo el primitivismo reduccionista con el que la ultraderecha intenta explicar y resolver un problema estructural como el narcotráfico. Es la misma lógica de quien confunde un síntoma con la enfermedad y, convencido de haber encontrado la causa, termina agravándolo todo.

La demanda de las y los miles de estadounidenses que “compran narcóticos ilegales” es de tal magnitud que no hay oferta en el mundo que logre saciarla. Es un problema de tejido social, salud mental y salud pública, no militar ni policial, que cuando se logre atender de manera integral, provocará que la oferta se reduzca por sí sola.

México es la solución, no el problema, para terminar con ese mal que aqueja a Estados Unidos y a otras naciones. Se requiere cooperación, coordinación y colaboración —sin subordinación—, no invasión, intervención ni intromisión para acabar con ese cáncer. Y eso es justo lo que la presidenta Sheinbaum ha ofrecido una y otra vez.

Qué bueno que el presidente Trump retomó el artículo de O’Reilly para recordarnos lo trivial, superficial y banal que es la ultraderecha cuando se trata de explicar y resolver problemas complejos como el tráfico de estupefacientes a escala binacional y planetaria.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA

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