Inseguridad: flagelo abatible

A todas las víctimas de la violencia en México.

Vivimos una época compleja, dura y dolorosa, en un México Bárbaro, como aquel del que dio cuenta John Kenneth Turner para describir la violencia, injusticia y prácticas inhumanas que ocurrieron durante el ocaso del porfiriato. Por supuesto que el contexto actual es muy distinto, toda vez que la violencia se da en el marco de las pugnas de los grupos del crimen organizado que se disputan la presencia en el territorio nacional. No obstante, prevalece el añejo problema que hoy también enfrenta el Estado mexicano, y que se refiere a la dificultad de garantizar la paz y la tranquilidad en todo el territorio nacional.

La pacificación de nuestro país ha sido un desafío monumental, y en los años recientes, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador implementó una serie de medidas concretas, incluida la creación de la Guardia Nacional y los Programas para el Bienestar, con el objetivo de recuperar la paz y fortalecer la seguridad en México. Si bien esos esfuerzos están dando resultados tangibles en varios frentes, es importante recordar que los problemas arraigados no se resuelven de la noche a la mañana.

Recordemos que, durante más de tres décadas, México enfrentó niveles alarmantes de injusticia, violencia y descomposición social, exacerbados por políticas neoliberales que privilegiaban los intereses de unos pocos, en detrimento del bienestar de la mayoría. En ese contexto, los retos para lograr la pacificación han sido inmensos, y aunque se alcanzaron avances significativos en algunas regiones, todavía queda mucho por hacer.

El reciente resurgimiento de la violencia en varios estados es un recordatorio vívido de la complejidad de abordar el tema de la seguridad. Los convoyes de grupos armados que se exhiben y amedrentan a la población son un síntoma preocupante de los desafíos que enfrentamos en el camino hacia la pacificación. Sin embargo, es importante reconocer que los momentos difíciles son inherentes al proceso mismo y que no deben desalentarnos de nuestro compromiso con la construcción de un México en paz.

Tenemos, por ejemplo, lo ocurrido recientemente en mi estado natal, Zacatecas. La ola de violencia que se desató en el municipio de Fresnillo no solo fue un golpe muy duro en lo personal, sino también un recordatorio de la urgente necesidad de fortalecer los esfuerzos para pacificar al país. Tales acontecimientos, dignos del México bárbaro, nos obligan a reflexionar sobre el delicado equilibrio entre la seguridad ciudadana y la presencia de los distintos grupos criminales que siembran el miedo en toda la nación.

En el caso de Zacatecas, notamos avances significativos en la reducción de las cifras delictivas. De acuerdo con datos de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJEZ), enero del presente año cerró con 37 casos de homicios dolosos, lo que constituye una disminución del 75 por ciento, en comparación con el mismo mes, pero del año pasado, cuando hubo 146.

Sin embargo, ante este tipo de avances suele haber reacciones violentas por parte de quienes siguen aferrándose a sembrar el caos y a utilizar el miedo como instrumento de control. Frente a ello, la respuesta de la sociedad y de los tres órdenes de gobierno debe ser contundente: no podemos ceder ni podemos permitir que sea en vano el sacrificio de quienes han perdido la vida en este complejo proceso.

Al contrario, es momento de redoblar esfuerzos, de cerrar filas, de fortalecer la colaboración entre las autoridades y la población. Es momento de reafirmar nuestro compromiso con la paz y la justicia. Hoy por hoy, la pacificación del país no es una tarea exclusiva del Gobierno, sino un desafío que nos incumbe a todas y todos.

La clave es la solidaridad y la unidad; no admitir que el miedo nos paralice ni que la violencia nos divida. Nuestro país merece vivir en paz, libre de la sombra ominosa de la criminalidad. Hoy debemos seguir empeñándonos en construir un futuro más seguro y justo; un México más pacífico y más humano.

Como he venido señalando, es una época dura y dolorosa para nuestro país. Sin embargo, desde hace seis años inició la transformación de México, y se decidió combatir, desde el Gobierno y como nunca antes, la injustica y la inseguridad. A este esfuerzo debemos agregar el nuestro; solo así podremos alcanzar la paz que todas y todos anhelamos.

La inseguridad es un flagelo abatible, y juntos podemos demostrarlo. Las familias de todo México merecen un presente y un futuro sin miedo, donde la seguridad y la justicia sean garantizadas por un Gobierno comprometido y una sociedad unida, donde la tranquilidad y la paz sean la norma, no la excepción. A final de cuentas, se puede vivir con todo, menos con miedo, porque nadie tiene derecho a arrebatarnos nuestra paz y tranquilidad.

 

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