Si usted piensa que en la mayoría de las y los mexicanos sin visa se encuentra la fuerza y la esencia de nuestra nación, entonces vaya rellenando su bote de palomitas.
Todo lo que genera estatus y privilegios suele terminar en fetiche. Es decir, en un objeto al que se le atribuyen poderes mágicos o una devoción excesiva. Los psicoanalistas freudianos incluso van más allá: el fetiche es algo que produce excitación, emoción y un deseo de virilidad masculina o fertilidad femenina más allá de lo biológicamente posible.
Para los anexionistas de derecha mexicanos, no tener la visa estadounidense es un pecado capital, un símbolo de desgracia o de haber caído en el más profundo de los abismos existenciales. Es como haber perdido la nacionalidad.
Para los autárquicos aislacionistas del siglo XXI, adoradores de Juan Bodino (padre ideológico de los estados feudales amurallados), la visa es un documento tan extraño, prescindible y tóxico que puede ser guardado en “salva sea la parte”.
La realidad, como siempre, es muy distinta y distante de todo tipo de fetiches, llámense relojes, trajes, zapatos, bolsas, autos, pasaportes, visas y todo tipo de objetos que el branding de la mercadotecnia ha elevado al rango de prueba irrefutable de “mira qué bien me ha ido en la vida”.
No hay una cifra pública exacta sobre el número de connacionales que actualmente poseemos una visa estadounidense, que —como nos han recalcado una y otra vez— es un privilegio, no un derecho.
Sin embargo, hay cálculos deductivos que nos pueden acercar a ese número. Si para aspirar al privilegio de una visa estadounidense hay que tener primero un pasaporte mexicano, podemos afirmar que hay 13 millones de mexicanas y mexicanos con posibilidad real de tenerla. El 10.3 % de la población poseemos un pasaporte mexicano vigente, según la información pública de la Cancillería.
Si también se sabe que la tasa histórica de rechazo a solicitantes mexicanos de visa es del 20 %, podemos deducir que el número de compatriotas con visa estadounidense vigente podría ser de hasta 10.4 millones aproximadamente (hay quien estima la cifra en 8 y hasta en 6 millones).
¿Qué pasa con los 120 millones de compatriotas sin visa estadounidense? ¿Son parias, descastados o apátridas? Si usted cree que sí lo son, entonces usted es de extrema derecha, y más vale que tenga su pasaporte y visa vigentes. Por el contrario, si piensa que en esa mayoría se encuentra la fuerza y la esencia de la nación mexicana, entonces vaya rellenando su bote de palomitas, porque todavía no hemos visto lo mejor del nacionalismo mexicano.
Entre los extremos de la globalización irrestricta y la autarquía economicista se encuentra la interdependencia entre naciones y pueblos, cuyos ejes rectores son la colaboración, la cooperación y la coordinación. Esto no exige tener visa, sino visión.
Tres décadas de libre comercio, mal o bien aplicadas, han traído una suerte de tercera nación entre los estados del sur de la Unión Americana y los del norte de México. Es una población y un mercado de 113 millones de personas que interactúan todos los días. Si fuesen una nación independiente, serían la economía número 16. Esa interdependencia entre dos naciones soberanas ha hecho que México sea el país donde más residentes estadounidenses hay en el mundo, y que ese país vecino represente el 80 % de las importaciones del nuestro. En esta franja la visa es vida, no un fetiche social o político.
Posdata: si te cancelan tu visa, hay más de 110 países que con el solo pasaporte mexicano te dan la bienvenida y en donde eres digno(a) de confianza.
X: @RicardoMonrealA



