Lecciones de la pandemia (I)

Mucho se ha escrito ya sobre los efectos sociales, políticos, económicos y humanos que la pandemia provocada por el Sars-CoV-2 ha traído consigo, y de las dificultades que implicarán para el futuro cercano. Sin embargo, en el marco de la celebración del nacimiento de Jesús, un personaje histórico que marcó el inicio de una nueva forma de entender los problemas sociales que aquejan especialmente a quienes son más vulnerables, que dio paso a la atención de las necesidades de las personas más pobres, y que inició un proceso de transformación, vale la pena realizar algunas reflexiones sobre lo que acompaña a la pandemia.

Durante los próximos días, en este espacio estaré publicando algunas lecciones que, considero, es posible extraer de la pandemia, dedicando esta primera entrega a discutir la importancia que la libertad de expresión tiene en momentos de crisis.

Sin duda, una de las primeras lecciones que la pandemia nos deja, por orden de aparición y por la magnitud de su importancia, es la relevancia de respetar la libertad de expresión. Cuando en China el médico Li Wenliang advirtió a finales de 2019 sobre el brote de un nuevo virus que podría tener consecuencias catastróficas, la censura de ese país impidió que su descubrimiento sirviera como un muro de contención que evitara la propagación a nivel mundial del virus. El resto de la historia ya la conocemos.

En México, al igual que en el resto del mundo, la aparición de la COVID-19 se convirtió en el tema mediático más importante de este año, pero sobre todo ha sido un acicate para que los medios de comunicación incrementen su exigencia en la rendición de cuentas de los gobiernos de los países.

A diferencia de la mayoría de otras naciones, en México ya se contaba con un instrumento de comunicación constante entre la prensa y las autoridades federales: la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, espacio que, además de informativo, se volvió catártico, pues fue ahí donde durante los primeros días de la pandemia la población, a través de la presencia de los medios de comunicación y de los informes oficiales, podía empezar a comprender lo que estaba ocurriendo en el planeta.

Ese espacio fue complementado con las conferencias vespertinas realizadas por las autoridades del sector salud a cargo de manejar la crisis de la pandemia, quienes diariamente han informado sobre las medidas necesarias para prevenir contagios, la evolución de la pandemia en México y las diferentes fases que el país ha atravesado.

En México y en el mundo es normal que, como espejo de la información oficial, existan críticas provenientes de los medios de comunicación. Lo importante es darnos cuenta de que al ser la pandemia un fenómeno tan dinámico y tan poco conocido, tanto las autoridades de todos los países como los medios de comunicación fueron aprendiendo de manera paralela sobre su naturaleza y comportamiento; la diferencia se encuentra en que las primeras son las encargadas de paliar sus efectos, y los segundos, de informar y criticar los resultados.

De esta manera, la relación entre la prensa y las autoridades se ha puesto a prueba en todo el mundo, a causa de la pandemia. Y en el caso de México podemos decir que el respeto a la libertad de expresión ha pasado el examen. Muchas voces críticas tratan de darle otro sentido a la proactividad del Ejecutivo federal, al responder a los señalamientos de la prensa, pero en realidad nunca en México habíamos presenciado un diálogo tan nutrido entre la opinión pública y las autoridades. Recuérdese que parte importante de la rendición de cuentas descansa en la capacidad de conocer todos los argumentos que existen para entender un fenómeno, y no solamente una versión de la historia.

Ahora estamos en la antesala de un periodo de vacunación masiva, que paulatinamente disminuirá hasta eliminar los contagios. En México llegaron ya las primeras dosis, y su aplicación fue también motivo de distintos análisis mediáticos, unos esperanzadores y otros críticos. Sea cual sea el ángulo que cada medio de comunicación asuma al respecto, la pandemia ha mostrado que en nuestro país, incluso en los momentos de crisis, la libertad de expresión será respetada. Pero también ha evidenciado que hay momentos en que es necesario sumar esfuerzos, pues de la efectividad con que autoridades y medios de comunicación logren dar a conocer las medidas de prevención y la manera en que la vacuna será aplicada dependerá en buena parte la velocidad con que se podrán dejar atrás los contagios, para entrar en una etapa de recuperación.

En un artículo reciente, Slavoj Žižek, cita a Verna Yu, una periodista de Hong Kong que al inicio de la pandemia escribió:

Si China valorara la libertad de expresión, no existiría la crisis del coronavirus. A no ser que se respete la libertad de expresión y otros derechos básicos de los ciudadanos chinos, estas crisis volverán a ocurrir […] A lo mejor da la impresión de que los derechos humanos en China tienen poco que ver con el resto del mundo, pero, como hemos visto en esta crisis, cuando China frustra la libertad de sus ciudadanos puede suceder cualquier desastre. Seguramente ha llegado la hora de que la comunidad internacional se tome este tema más en serio.

De esta manera, a poco más de un año de que los primeros brotes del nuevo coronavirus aparecieron en el mundo, queda claro que la libertad de expresión es un derecho humano que no solamente hace posible tener una mejor calidad de vida, sino que es una herramienta básica para evitar sufrimiento y dolor. En México ha quedado atrás la época de la censura, para dar paso al diálogo y al entendimiento, sin los cuales no se podría avanzar hacia el camino de transformación que la sociedad exige.

Finalmente, como señaló Verna Yu, la lucha por lograr el respeto a la libertad de expresión trasciende fronteras, pues la pandemia nos ha mostrado que, si este derecho es reprimido en cualquier parte del mundo, sus consecuencias pueden ser profundas para toda la humanidad.

(Continuará).

 

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