Últimos bastiones del conservadurismo

El conservadurismo es un pensamiento que ha estado siempre presente en la vida pública de las naciones, como mecanismo de control para mantener el statu quo. Aunque pensadores como Klaus von Beyme ubican el origen de esta ideología durante la Revolución francesa, lo cierto es que, ante cualquier movimiento transformador de las bases de una organización social, aparece el conservadurismo como defensor del pasado, y de resistencia a las nuevas ideas y estructuras. Por citar un ejemplo remoto, baste recordar la fábula de Menenio Agripa durante la primera secesión de la plebe del año 494 a. C. en la Roma clásica.

Para comprender aquel momento, pensemos que la sociedad romana se encontraba claramente estratificada en patricios, plebeyos, esclavos, clientes y libertos. Los patricios, en términos simples, eran la clase alta, personas descendientes de los grupos fundadores; los plebeyos, de donde viene la palabra plebe, eran personas comunes sin ninguna estirpe que les diera privilegios; los esclavos eran considerados jurídicamente como propiedad de las personas libres; los clientes eran esclavos liberados con estrechos vínculos con sus antiguos amos, y los libertos también eran esclavos manumitidos, pero con independencia.

Debido a que la plebe se veía fuertemente presionada por los patricios, y constantemente caía en esclavitud al no poder saldar sus deudas, decidió separarse de Roma y fundar un campamento en las afueras de la ciudad, lo que puso en riesgo toda la estructura política, social y económica, por lo que se decidó enviar a Menenio Agripa para convencerla de regresar.

Para cumplir su cometido, se valió de un elocuente discurso en el que asemejó a la ciudad con una persona cuyas partes del cuerpo se encuentran en disputa contra el estómago, pues consideraban que ésta recibía más de lo que ofrecía, por lo que dejaron de suministrarle alimentos y todo el cuerpo enfermó. Según se narra, con ello pudo Menenio Agripa despertar benevolencia entre sus oyentes y lograr los acuerdos para que la plebe regresara a Roma.

En la actualidad, mutatis mutandis, México enfrenta una situación similar. En 2018 logramos un golpe de timón contra la política neoliberal que durante 40 años generó pobreza, desigualdad, subdesarrollo, violencia, devastación ecológica y endeudamiento, para dar paso a una nueva forma de gobierno, en la cual la ciudadanía tiene cada vez mayor participación, y los recursos se destinan a cubrir las necesidades de todas y todos sin distinción, con el fin de reconstruir el Estado de bienestar que fue desmantelado.

Y como en aquel entonces, hoy se utiliza un interlocutor (en la actualidad, los medios de comunicación) para intentar confundir a la sociedad y regresar a ese viejo régimen. La diferencia estriba en que en el presente contamos con mucha mayor madurez y un liderazgo firme que ha logrado contener las mentiras de quienes se niegan a perder sus privilegios.

Muy por el contrario de lo que ocurrió en la antigua Roma, hoy el pueblo de México se prepara para asestar el golpe final a los últimos bastiones del conservadurismo. Recordemos que en 2018 el presidente López Obrador venció en todas las entidades federativas, a excepción de Guanajuato. La oposición se ha acuartelado en algunas entidades, donde conserva los poderes que no se renovaron hace tres años, pero, al igual que sucedió con su alianza, sólo han logrado ubicarse en torno al masivo movimiento de transformación, que está listo para demostrar su fuerza el próximo domingo.

 

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